“No me gusta ponerme como ejemplo de nada, sólo soy un trabajador más de la danza”

By Sara M.A. on agosto 11, 2014 in Santutxu
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Igor y Malein en una de las aulas de la escuela que el bailarín tiene en San Inazio

Una tarde de “txarleta” con Marijose del Bar Pernet, últimamente la mejor de mis fuentes para las entrevistas de Bizit Santutxu, me comentó que su hija Malein hacía danza y que su profe era Igor Yebra. Mis siguientes palabras fueron: ¿y cuándo puedo estar con él?

Malein, que ahora tiene 18 años, fue una niña prematura, nació con cinco meses y a los 3 añitos necesitaba un poco de ayuda para mejorar su coordinación, sus movimientos. El ballet es una disciplina en la que se suele empezar un poco más tarde, sin embargo, la necesidad de Malein era muy concreta y comenzó a bailar. Después de unos años en clase el ballet pasó de ser una necesidad específica a un placer para ella en la que destacaba así que decidió dar un paso más. Quiso aprender con un grande de la danza y además, de Bilbao: Igor Yebra.

La academia de Igor está en San Ignacio. Malein me acompaña a la entrevista y durante el trayecto aprovecho para hacerle un montón de preguntas sobre el ballet y su maestro… Ha sido un “tercer grado” en toda regla. Al entrar en el local, y me imagino que a cualquier hora que pases por allí, se escucha a lo lejos, suavecita, alguna pieza de música clásica en algún aula donde habrá varios pares de pies ejercitándose. Igor aparece por la puerta un tanto ajetreado, siempre tiene tres cosas que hacer a la vez. Es alto, su físico es imponente, con su característica media melena y con una camiseta de las denominadas de dormir que pone “kiss me”… Se muestra amable, cercano pero muy contundente en sus respuestas. A pesar de su juventud, me encuentro ante uno de los más grandes bailarines de danza clásica a nivel internacional.

– ¿Cómo empezaste en el mundo de la danza?

Tuve la suerte de que en mi casa el ballet no era algo ajeno, mi hermana bailaba y solíamos ver espectáculos de danza. Uno de ellos me gustó especialmente y me dije “quiero probar”. En realidad no hay mucho de fantasía en mis comienzos. Fui un niño muy normal que jugaba al fútbol con mis amigos…

– Desde que comenzaste tuviste claro que querías abrir una escuela cerca de tu casa…

Yo empecé muy tarde, con 13 años, y me tuve que ir a Madrid a estudiar. Por eso desde los inicios, desde que me fui lo supe. Quería evitar que los niños pasaran por lo mismo que tuve que pasar yo y dejar a su familia y sus raíces en una edad tan temprana del crecimiento, que se desvinculen de su  ámbito familiar tan pronto no ayuda al desarrollo emocional de los niños. Esta escuela es donde puede estar por lo menos hasta los 16 o 17 años, un sitio donde pudieran aprender muy el ballet clásico y la danza en general.

– ¿Qué se necesita para ser profesional del ballet?

En primer lugar una cosa que viene dada que son las características físicas. Si uno ya no tiene eso, es muy difícil y complejo que una persona pueda dedicarse a la danza clásica. Si has tenido la suerte de nacer con el físico necesario, para ser un buen profesional, y hablo en general, no sólo del ballet, hay tres cosas que son fundamentales: la pasión por lo que uno hace, la constancia y, sobre todo, el trabajo. Si no tienes eso no lo vas a conseguir. Si esto lo aplicas a cualquier profesión o a cualquier objetivo en la vida, se puede lograr cualquier cosa.

– En este sector, ¿es mejor ir por libre o que te dirijan?

Eso depende. Aunque yo he sido freelance y me ha ido bien es muy difícil ir por libre, no todo el mundo puede hacer eso ya que requiere una disciplina y un esfuerzo mucho mayores. Cuando estás dentro de una compañía estás arropado. Yo aconsejo, como primer paso, estar en un sitio donde te dirijan y de ahí moverte hacia fuera. Por mis circunstancias de la vida dio la causalidad de que tuve que ir por libre mucho tiempo y, la verdad, es que no me ha ido mal, pero no es fácil.

– ¿Crees que impones a tus alumnos?

Yo siempre he buscado el respeto, ni amor ni cariño, porque eso no lo valoro profesionalmente. Y, por supuesto, también lo impongo y lo busco con mis alumnos y el respeto impone. Hay que tener en cuenta que es gente muy joven y yo soy el maestro y ya tengo una edad. En mi caso, mi maestra de danza y mi director de compañía me siguen imponiendo y se puede decir que he llegado a un nivel por encima del que están ellos en este momento. Sin embargo, para mí son personas que han significado mucho y a las que respeto, por lo tanto, me imponen. Creo que hoy en día se ha perdido mucho ese tipo de valores y, precisamente en la danza, el respeto es la base la disciplina.

– ¿Cuál ha sido tu mayor logro hasta el momento?

Creo que es abrir esta escuela y seguir manteniéndola en pie… (sonríe)

– Define con un adjetivo la danza

No hay un adjetivo que lo englobe todo, es imposible. Es algo tan sumamente grande que… es universal. La danza reúne todas las disciplinas del arte: contamos historias sobre el escenario, pintamos movimientos con nuestro cuerpo, esculpimos una figura y todo a través de la música. No hay nada más completo. Para rizar el rizo y, porque barro para casa, piensa que el primer medio de comunicación de la humanidad con sus dioses fue la danza. La forma de las tribus de expresarse era el movimiento.

– ¿Qué echas de menos de Bilbao cuando viajas?

Cuando estoy fuera por trabajo tengo tantas cosas que hacer que no me da tiempo a echar de menos nada. Lo que más echo en falta es no estar en la escuela para poder resolver los problemas que surgen porque me llaman constantemente. Pocas vacaciones tengo y he tenido y voy a tener pero creo que soy un afortunado de la vida que hace lo que ama. Me meto yo solito en los “fregaos”.

– ¿Cuál es el mayor consejo que les das a tus alumnos?

Hablo tanto y les digo tantas cosas… (se ríe). Sobre todo les intento inculcar los tres valores de los que hablábamos antes: pasión, constancia y trabajo. No me gusta ponerme como ejemplo de nada ante ellos ni ante nadie, en todo caso hablaría de mí como un currante más.

– ¿Podrías vivir sin bailar?

Si no quedara más remedio sí. Soy muy realista y humanista, me amargaría durante un tiempo pero lo asumiría porque creo que lo más importante es vivir.

– ¿Qué espectáculo estáis preparando ahora en la escuela?

Se llama Pipi Bailarina y lo está haciendo el coreógrafo ucraniano Valery koftum, todo un experto y muy bueno. Aprovechando las amistades le he traído aquí para que monte un buen espectáculo. Lo representaremos en el Teatro Arriaga los días 26, 27 y 28 de Diciembre y en Santurtzi y Basauri en enero. Esperamos que podamos representarlo en muchos más sitios y, sobre todo, que podamos hacer muchos más espectáculos.

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